El precio del pan ha aumentado en $300 pesos, lo que equivale a un 33% de alza aproximadamente. Para un país como Chile, que se encuentra entre los tres mayores consumidores de pan del mundo, este incremento no es un dato menor: es un duro golpe a la economía de las familias, especialmente para quienes sobreviven con el sueldo mínimo. Sin embargo, para el ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine –representante de la ultraderecha y de una élite desconectada de la realidad–, esta alza "exagerada" no debería ser un problema para "la economía chilena en crecimiento" ni para un gobierno que, según él, está "creando empleos de manera increíble".
Ante tales declaraciones, cabe preguntarse: ¿Vive el ministro Fontaine en el mismo Chile que el resto de nosotros? ¿Sabe cuánto gana un trabajador promedio? ¿Ha calculado qué porcentaje del sueldo mínimo se destinará ahora solo a comprar pan? ¿O acaso desconoce –o ignora– que, para millones de personas, este alimento es un producto de primera necesidad y no un lujo sujeto a la especulación del mercado?
Es una burla que un servidor público minimice el impacto de esta alza, especialmente cuando proviene de un sector político que ha perpetuado un sistema donde los gobernantes son, a la vez, dueños de grandes empresas. Esta es la esencia de la oligarquía: una clase privilegiada que decide sobre las necesidades del pueblo mientras acumula riqueza y poder. No es casualidad que, bajo este modelo, los precios de los productos básicos sigan disparándose, mientras los medios de comunicación –aliados del poder– insisten en pintar una realidad ficticia donde "todo va bien".
En este Chile distorsionado –al que podríamos llamar "Chili" para diferenciarlo del país real–, la oligarquía ha enseñado a su pueblo a temer a sus vecinos (hermanos de raza y clase) en lugar de unirse a ellos; a conformarse con ser mano de obra barata en lugar de exigir derechos; y a distraerse con farándula mientras se les despoja sistemáticamente de sus recursos. Es un país donde la libertad se reduce a elegir entre marcas consumistas, pero donde las decisiones importantes –el acceso a salud, educación y alimentación digna– siguen en manos de unos pocos.
En "Chili" me tocó nacer, pero como este país es una invención de los poderosos, no existe. Y si no existe, tampoco existo yo.
"A este país pondremos de nombre "Chili", está ubicado en un hermoso continente, que no conoce, tiene países ricos en cultura y hermanos de raza y clase a su alrededor, pero que la oligarquía a enseñado a pensar que son el enemigo, su pueblo es educado por los patrones a ser mano de obra, el gobierno les roba y no hacen nada, pero a ellos les interesan los programas de farándula antes que el asalto a mano armada que sistemáticamente a realizado la oligarquía, es un pueblo que se cree libre y no se da cuenta que la única libertad que tiene es de elegir el color de su automóvil, el de su ropa, al supermercado que va a ir, y en donde va a trabajar para que lo exploten menos, en este país me toco nacer, pero como es inventado no existe, igual que yo."
ResponderEliminargran publicación, lo ultimo me encanto, felicitaciones compañero y amigo.